ANDRÉS CALAMARO








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La música siempre estuvo presente en casa de Andrés Calamaro. Empezó a tocar la batería influenciado por los discos de los Beatles, Santana y Creedence Clearwater Revival, y después llegaron las clases de piano con Violeta Gainza, la misma profesora que tuvieron Fito Páez y Ariel Rot.

Su primera experiencia musical en el mundo profesional arrancó en 1978 con el grupo Raíces, con quien grabó el disco "B.O.V Dombe", aunque fue su inclusión en "Los abuelos de la nada" lo que lo adentró en el mundo de la música para no salir jamás. Andrés no era el cantante oficial, pero empezó a interpretar sus propias composiciones en este grupo. "Mil horas" fue la canción que confirmó que había un nuevo talento en Argentina. Antes de que se disolvieran Los Abuelos, Andrés ya tenía grabado su primer disco en solitario, editado en 1984. Se tituló “Hotel Calamaro”. A éste le siguió el espíritu romántico de “Vida Cruel”, en el que ya colaboraba un argentino que triunfó en España con el grupo Tequila y que acabaría siendo uno de sus principales socios: Ariel Rot. Con Ariel incorporado, Calamaro editó "Por mirarte" en 1988. Éste disco, junto a "Nadie sale vivo de aquí", presentado al año siguiente, confirmaron su carrera en solitario, que ya lo presentaba como un sólido compositor e intérprete, sensible, emotivo y original. Por entonces, el apellido Calamaro ya se escribía en los diarios junto a los más grandes del rock en Argentina. A principio de los noventa, Andrés llegó a España con una maleta y un teclado. Respondía a la llamada de su amigo Ariel para montar un grupo con Julián Infante, su compañero de Tequila.

En un almuerzo a base de spaguettis, charlaron sobre términos típicamente españoles, y cuando llegó el turno de explicar lo que es un Rodríguez, surgió el nombre de la banda más importante del rock español de aquella década, a la que se incorporó Germán Vilella como batería. Los Rodríguez empezaron tocando en Siroco y otros pequeños bares del madrileño barrio de Malasaña. Deambularon por las noches de la capital con compañeros como Antonio Flores, que colaboró con ellos en "Buena Suerte", el enérgico disco de debut del grupo. Un álbum plagado de riffs, rock en español y una aguda sensibilidad a la hora de los tiempos medios y lentos transmitida por el timbre único de Andrés.

La efervescente creatividad y la sintonía que había entre los miembros del grupo en aquel momento contrastaban con la falta de repercusión. Para mantener viva a la banda, se editó un disco en directo, pero la situación era límite, y Los Rodríguez estuvieron a punto de tirar la toalla. Fue entonces cuando llegó "Sin documentos", publicado en 1993. La canción que daba nombre al disco se transformó en su primer éxito, y quedó establecida como patrón a seguir por infinidad de nuevos grupos. Por encima del single, "Sin documentos" presentaba una frescura y buen hacer poco común en los discos de aquellos años. Pese a todo, Los Rodríguez seguían sin ser un grupo con cifras espectaculares, pero comprendían un carisma único.

Lo demostraron en 1995 con "Palabras más, Palabras menos", un trabajo flexible, capaz de comprender éxitos comerciales, baladas maduras, rumba portuaria y rock a bocajarro. Con colaboraciones como Raimundo Amador o Coque Malla. Por desgracia, el mejor momento comercial para la banda coincidió con el fin del grupo y Los Rodríguez se despidieron con un disco recopilatorio que incluía éxitos, versiones en directo y maquetas llamado "Hasta luego", que acabó siendo un adiós y el disco más vendido en la historia del grupo. Para retomar su carrera en solitario, Andrés viajó a Nueva York para grabar con experimentados músicos de estudio el disco "Alta suciedad". El resultado, publicado en 1997, presentaba el perfecto equilibrio entre comercialidad y calidad, con composiciones ya clásicas como "Flaca" y "Loco". Si hay algo que define la carrera de Andrés Calamaro es su perseverancia por no repetirse. Así, para su próximo trabajo, se alejó de las grabaciones lujosas, recluido en un círculo íntimo para grabar "Honestidad brutal", un disco publicado como álbum doble, con 37 canciones que muchos tildaron de suicidio comercial. No fue así: Hoy es considerado por muchos como el mejor álbum de rock en castellano que se ha hecho en este país. Hizo una gira que recorrió España, pero nadie sabía que era la última vez que se le iba a ver sobre un escenario en seis años. La creatividad de Calamaro acumulaba canciones. Muchas corrían por la red y más de 100 se publicaron en 2001 en "El Salmón", un quíntuple disco sin ayuda de trucos de estudio, sin aderezos. Fue una canción compuesta junto a Scornik la que sacó de un silencio de cuatro años a Andrés Calamaro. Estadio Azteca fue uno de los tres temas originales incluidos dentro del disco "El cantante", que reconstruía clásicos de la canción latinoamericana con la ayuda del productor Javier Limón y los músicos habituales de Paco de Lucía. Se presentaba un artista más adulto, con mayor amplitud de miras.

Cuando muchos lo daban por desaparecido, él apareció convenientemente arreglado para su regreso. Y el regreso fue un huracán transoceánico en forma de disco en directo que acompañó en una exitosa gira de retorno por España y Argentina. Poco después, Calamaro continuó el camino abierto en "El cantante", mostrando su visión del tango clásico en "Tinta Roja". Mientras presentaba este disco junto a sus amigos flamencos, Calamaro arrancó una serie de conciertos de reunión con Ariel Rot, y ya tenía preparado "El palacio de las flores", un mano a mano con Litto Nebbia, pionero del rock en Argentina. Un país que celebraba la vuelta de Andrés a los escenarios y que recientemente lo ha galardonado con el Premio Gardel a la personalidad del año. En 2007 sigue la actividad, y aparte de girar con Fito & Fitipaldis en la gira “2 son multitud” por varias ciudades españolas, graba y se publica su disco: “La Lengua Popular”. Doce nuevas canciones, con la producción de Cachorro López, en un disco sorprendente con tal vez el mejor repertorio propio que haya grabado en los últimos años. Tras la promoción de su álbum, inicia su “Tour La Lengua Popular” por varios países entre ellos Colombia, el Parque metropolitano Simón Bolívar fue el primer escenario colombiano donde el artista interpretó cada una de las canciones que hasta el momento habían marcado su exitosa carrera musical. En el 2010 llega renovado, con nueva imagen y dispuesto a entregarle a su público 12 nuevos temas incluidos en su más reciente producción titulada “On The Rock”. Su estilo, su genialidad y toda su sabiduría artística se ve plasmada de muchas formas en “On The Rock” lanzado el 1 de junio. Así queda demostrado en cada uno de los temas, la mezcla con flamenco en “Barcos”, junto a Diego “El Cigala” y su admirado Niño Josele. Invita a el Langui a cantar en un salón eléctrico de terciopelo en “Te Extraño”, a Bunbury a hacer lo propio para ilustrar una agria despedida a base de folk y advertencias en “Te Solté la Rienda”; pisa el acelerador en “Flor de Samurai”, “Gomontonera” o la crítica “El Perro”, mostrando su cara más contundente.

Reserva un espacio a “Tres Marías” para que vuele el acordeón y otro a un ajuste de cuentas en toda regla, el perpetrado mano a mano con Calle 13 en la gráfica “Insoportablemente Cruel”. ¿Y el Calamaro que sabe leer entre líneas en los surcos de los discos de los mitos del rock, extrayendo inspiración y honestidad brutal, se preguntarán? Ese Calamaro, agazapado, aparece intercalado, cuando menos te lo esperas, y lo hace de forma sencillamente triunfal en “El Pasodoble de los Amigos Ausente”, “Todos se Van”, una joya titulada “Los Divinos” y la festiva “Me Envenenaste”. Un poker de ases insuperable, buen rock, entendido como Andrés entiende el rock, naturalmente. La banda que lo acompaña en vivo en sus giras, ha sido la encargada de dar el sonido a las 12 canciones que conforman este disco “On The Rock”, que produce el propio Calamaro, junto a Guido Nisenson, Candy Caramelo y Rafael Arcaute. “Los Divinos” es el primer sencillo que se desprende de éste su nuevo álbum, canción escrita y producida por el mismo Calamaro. Andrés Calamaro es hoy un clásico que no se deja atrapar, un paso adelante que respeta las huellas del pasado, un cantante honesto.

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